La familia como Satisfactor Sinérgico de las Necesidades a Escala Humana


Carlos Borja[i],Amilkar A. Brunal[ii], Sherly Osorio[iii]

Red de Orientador@s 3.0

Resumen

El presente artículo de reflexión analiza a la familia como un espacio fundamental para la satisfacción de las necesidades humanas y para la construcción de vínculos afectivos, comunicativos y de cuidado. Desde el enfoque de Desarrollo a Escala Humana de Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn, se reflexiona sobre las necesidades fundamentales de subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad, destacando el potencial de las prácticas familiares de cuidado para constituirse en satisfactores sinérgicos. A partir de esta perspectiva, se examinan las transformaciones de las familias colombianas y latinoamericanas, caracterizadas por la diversidad de sus formas, la reducción del tamaño de los hogares, los cambios demográficos, las desigualdades en la distribución del cuidado y los efectos de las dinámicas económicas, migratorias y territoriales. Asimismo, se incorpora el Análisis Transaccional de Eric Berne como herramienta conceptual para comprender los patrones de comunicación familiar mediante los estados del yo Padre, Adulto y Niño, así como las interacciones repetitivas que pueden afectar la convivencia. El análisis se complementa con la reflexión sobre la presencia ausente y la ausencia presente en las relaciones padre-hijo, resaltando que la presencia física no garantiza por sí misma disponibilidad afectiva y que la distancia física no necesariamente implica ruptura del vínculo. Se concluye que la familia puede constituirse en un satisfactor sinérgico cuando sus prácticas de cuidado y comunicación favorecen simultáneamente diversas necesidades, respetan la autonomía y distribuyen equitativamente las responsabilidades entre sus integrantes y otros actores sociales.

Palabras clave: familia; necesidades humanas; cuidado; Desarrollo a Escala Humana; Análisis Transaccional; comunicación familiar; presencia parental.

 

The family as a Synergistic Satisfier of Needs on a Human Scale

Abstract

This reflection article analyzes the family as a fundamental space for meeting human needs and for building affective, communicative, and care relationships. From the Human Scale Development approach proposed by Max-Neef, Elizalde, and Hopenhayn, the article reflects on the fundamental human needs of subsistence, protection, affection, understanding, participation, leisure, creation, identity, and freedom, emphasizing the potential of family care practices to function as synergistic satisfiers. From this perspective, the transformations of Colombian and Latin American families are examined, characterized by diverse family arrangements, smaller household sizes, demographic changes, inequalities in the distribution of care, and the effects of economic, migratory, and territorial dynamics. Eric Berne's Transactional Analysis is also incorporated as a conceptual framework for understanding family communication patterns through the ego states of Parent, Adult, and Child, as well as repetitive interactions that may affect family relationships. The analysis is complemented by a reflection on absent presence and present absence in parent-child relationships, emphasizing that physical presence does not necessarily guarantee emotional availability and that physical distance does not necessarily imply a rupture of the bond. The article concludes that the family can function as a synergistic satisfier when its care and communication practices simultaneously contribute to different human needs, respect individual autonomy, and promote an equitable distribution of responsibilities among family members and other social actors.

Keywords: family; human needs; care; Human Scale Development; Transactional Analysis; family communication; parental presence.

 

Introducción

1.    Características generales de las familias colombianas

Desde 2022, la familia colombiana se caracteriza por la pluralidad de sus formas, hogares relativamente pequeños, una proporción considerable de jefaturas femeninas y un descenso marcado de los nacimientos. A la vez, sigue enfrentando desigualdades en el cuidado y condiciones muy distintas según los ingresos y el territorio. Estas tendencias describen cambios generales, no una experiencia uniforme: para interpretar cada indicador hay que considerar qué mide y a qué periodo corresponde.

La familia colombiana contemporánea no corresponde a un solo modelo. Desde 2022, los indicadores disponibles muestran hogares más pequeños, una presencia importante de jefaturas femeninas y una marcada disminución de los nacimientos. Estos cambios conviven con formas familiares diversas y con desigualdades económicas y territoriales. También es importante distinguir entre familia —vínculos de parentesco, afecto y cuidado— y hogar, que en las estadísticas suele ser el grupo que vive en una misma vivienda: no siempre coinciden.

Principales características

Diversidad de formas familiares. En Colombia coexisten hogares nucleares, monoparentales, extensos, reconstituidos y unipersonales, así como familias conformadas por parejas del mismo sexo. La jurisprudencia constitucional reconoce que la protección de la familia no se limita a un único modelo, aunque ese reconocimiento jurídico no permite establecer por sí solo cuántas familias pertenecen a cada tipo (Corte Constitucional de Colombia, 2011). Por ello, conviene hablar de pluralidad familiar sin atribuirle una distribución estadística que las fuentes citadas no ofrecen.

Hogares más pequeños y más jefatura femenina. La Encuesta Nacional de Calidad de Vida de 2023 muestra que el tamaño promedio de los hogares se situaba en torno a 2,9 personas y que aproximadamente el 45 % tenía jefatura femenina (DANE, 2024a). Son indicadores de la composición de los hogares, no una descripción completa de las relaciones familiares: una jefa de hogar puede compartir cuidados y recursos con familiares que viven en otra vivienda, y la jefatura estadística no equivale necesariamente a ser la única proveedora o cuidadora.

Descenso de los nacimientos. Las estadísticas vitales del DANE registran una reducción importante: Colombia pasó de 573.625 nacidos vivos en 2022 a 510.357 en 2023, cerca de un 11 % menos (DANE, 2024b). La caída indica un cambio demográfico relevante, pero el número de nacimientos no demuestra por sí solo por qué ocurre ni permite concluir que todas las personas estén aplazando la maternidad o paternidad. Para explicar esas causas se requiere analizar, entre otros datos, las tasas de fecundidad por edad y factores sociales y económicos.

Desigualdad en el trabajo de cuidado. Cocinar, limpiar, acompañar a niñas y niños y atender a personas mayores son tareas centrales para la vida familiar, pero históricamente han recaído en mayor medida sobre las mujeres. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2020–2021 documentó esa brecha (DANE, 2022). Al corresponder a un periodo anterior a 2022, sirve como antecedente sobre una desigualdad estructural, no como prueba de que la distribución del cuidado haya cambiado —o se haya mantenido igual— desde entonces.

En el marco institucional posterior a 2022, la Ley 2294 de 2023 creó el Sistema Nacional de Cuidado, orientado a reconocer y articular responsabilidades de cuidado. Este cambio de política puede incidir en la corresponsabilidad entre familias, Estado, comunidad y sector privado, aunque su creación no significa que las cargas ya estén distribuidas de manera equitativa (Congreso de Colombia, 2023).

Diferencias económicas, territoriales y redes transnacionales.

La experiencia familiar también depende del empleo, los ingresos, la vivienda y el acceso a servicios. La informalidad laboral, por ejemplo, puede dificultar la estabilidad de los ingresos y el acceso a protecciones asociadas al empleo. Las condiciones y servicios disponibles, además, varían entre zonas urbanas y rurales y entre departamentos; por eso, una cifra nacional no representa por igual las circunstancias de una familia en Bogotá y una en una zona rural del Cauca. La ECV permite examinar varias de estas diferencias en los hogares (DANE, 2024a).

Por otra parte, la migración —incluida la venezolana— puede mantener vínculos familiares entre personas que viven en países o ciudades distintas y comparten recursos, responsabilidades y cuidados sin convivir. Así, el hogar registrado en una encuesta no necesariamente abarca toda la red familiar que sostiene a sus integrantes.

 

2.    Las Familias colombianas en relación con las Familias Latinoamericanas

 

Las familias colombianas comparten con las de América Latina tendencias como la diversidad de arreglos familiares, la reducción del tamaño de los hogares y los cambios en la fecundidad. Sin embargo, esas tendencias no ocurren al mismo ritmo ni bajo las mismas condiciones en todos los países. Además, las estadísticas suelen describir hogares —personas que viven en una misma vivienda—, que no siempre coinciden con las redes familiares.

Formas familiares

Conviven hogares nucleares, monoparentales, extensos, reconstituidos y unipersonales. Las uniones consensuales también forman parte de la diversidad familiar.Se encuentran formas semejantes, pero su proporción varía según el país, la época y la manera en que se recogen los datos. El matrimonio civil no es el único patrón regional.

Tamaño y composición de los hogares

Como en otros países de la región, los hogares tienden a ser más pequeños que en décadas anteriores.Es una tendencia regional asociada a transformaciones demográficas y sociales, aunque presenta diferencias entre países y grupos sociales (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2023).

 

Jefatura femenina

Es común que una mujer sea identificada como jefa del hogar. Esa categoría estadística no indica necesariamente quién aporta más ingresos ni quién realiza la mayor parte del cuidado.También es frecuente en la región, pero su prevalencia y las condiciones de vida de estos hogares varían.

Cuidados

El trabajo doméstico y de cuidado continúa recayendo de manera desproporcionada en las mujeres.La desigual distribución del cuidado es un problema regional, relacionado con desigualdades de género y de ingresos (CEPAL, 2022).

Cambios demográficos

Colombia ha registrado una caída reciente notable de los nacimientos. Para comparar su ritmo con el regional, es más adecuado revisar tasas de fecundidad de años equivalentes que comparar cifras absolutas. La fecundidad también ha disminuido en gran parte de América Latina, pero el momento y la velocidad del cambio varían entre países (CEPAL, 2023).

Migración y conflicto

La migración interna e internacional, así como el prolongado conflicto armado y el desplazamiento forzado, han separado a integrantes de familias y alterado redes de parentesco, apoyo y cuidado, especialmente en comunidades afectadas por la violencia.La migración también produce familias y redes transnacionales en otros países. El conflicto y el desplazamiento no son exclusivos de Colombia, pero su prolongada incidencia constituye un contexto importante para entender muchas experiencias familiares colombianas.

En síntesis, no hay una única “familia latinoamericana” con la que comparar a Colombia. En toda la región influyen procesos como la urbanización, los cambios en la fecundidad, la migración y las desigualdades. En Colombia, además, la historia de conflicto armado y desplazamiento forzado ha afectado de manera particular a numerosas familias y comunidades. Esto no significa que todos los hogares colombianos hayan vivido esas experiencias, ni que la violencia explique por sí sola los cambios familiares. Las condiciones económicas, las diferencias entre zonas urbanas y rurales y el acceso a servicios también son relevantes.

 

3.    Necesidades de las familias Latinoamericanas Desde la teoría del Desarrollo a Escala Humana

Desde la teoría del Desarrollo a Escala Humana, las condiciones de las familias latinoamericanas pueden analizarse preguntando no solo qué bienes poseen, sino si sus integrantes tienen oportunidades reales de satisfacer nueve necesidades humanas fundamentales: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad (Max-Neef et al., 1986).

Es útil precisar que recreación y comunicación no son necesidades fundamentales adicionales en esta clasificación. La recreación puede ser una forma de satisfacer el ocio, mientras que la comunicación puede contribuir al afecto, el entendimiento, la participación y la identidad. Las necesidades son universales, pero sus satisfactores —las maneras de atenderlas— varían según la cultura, la historia y las condiciones materiales.

Necesidades y Satisfactores

1.    Subsistencia

Necesidad Qué supone para las familias:

Satisfactor: Alimentación, vivienda, salud e ingresos suficientes para sostener la vida.El empleo precario, los bajos ingresos y el acceso desigual a servicios pueden dificultarla.

2.    Necesidad:Protección

Seguridad física y emocional, cuidados y respuesta ante riesgos.La violencia, la inseguridad económica y la falta de servicios de cuidado pueden debilitarla. La protección no debe confundirse con el control de otras personas.

 

3.    Necesidad:Afecto

Cuidado, confianza, escucha, reconocimiento y apoyo emocional.

Satisfactor Las redes familiares y comunitarias pueden fortalecerlo; el estrés, la sobrecarga de cuidados y las separaciones pueden dificultarlo.

 

4.    Necesidad: Entendimiento

Satisfactor: Aprender, informarse, reflexionar y comprender el entorno.La educación, el diálogo y el acceso a información confiable pueden favorecerlo; la exclusión educativa y la falta de tiempo o conectividad pueden limitarla.

5.    Necesidad:Participación

Satisfactor: Intervenir en decisiones familiares, comunitarias y sociales.Se favorece cuando las personas son escuchadas; el autoritarismo, la discriminación o la exclusión pueden restringirla.

6.    Necesidad:Ocio( Recreación)

Satisfactor: Descansar, jugar y disfrutar de actividades elegidas.El tiempo libre, los espacios seguros y las opciones culturales o deportivas lo facilitan. Las jornadas extensas y el trabajo doméstico no remunerado pueden reducirlo.

7.    Necesidad: Creación

Expresarse, imaginar, producir y desarrollar habilidades.El juego, las artes, los oficios y la resolución conjunta de problemas pueden favorecerla; la falta de tiempo, recursos o reconocimiento puede limitarla.

8.    Necesidad:Identidad

Construir pertenencia, memoria y reconocimiento personal y colectivo. La lengua, la historia familiar y las prácticas culturales pueden fortalecerla. La discriminación o la pérdida de vínculos con el territorio pueden dañarla.

9.    Necesidad:Libertad

Elegir y desarrollar proyectos de vida sin coerción ni discriminación. Requiere derechos, autonomía y alternativas reales. La violencia, la dependencia económica o las normas rígidas pueden restringirla.

 

Los satisfactores y sus efectos

 

Max-Neef distingue distintos tipos de satisfactores. Esta distinción permite ver que una práctica puede atender una necesidad y, al mismo tiempo, perjudicar otras (Inhibidores). Por ejemplo, la sobreprotección puede presentarse como seguridad, pero limitar la libertad y la participación de niñas, niños o jóvenes. De igual manera, un endeudamiento excesivo para cubrir necesidades inmediatas puede aliviar temporalmente una urgencia y aumentar la inseguridad económica futura / destructores). Estos ejemplos no describen a todas las familias: muestran que los efectos dependen del contexto y de cómo se organiza cada práctica.

En cambio, algunos satisfactores(sinérgicos)pueden atender varias necesidades a la vez. Una actividad recreativa organizada por la comunidad, por ejemplo, puede aportar ocio, afecto, identidad y participación. Las redes comunitarias de cuidado o las iniciativas colectivas para compartir alimentos pueden apoyar la subsistencia y, a la vez, fortalecer la cooperación y los vínculos sociales. En la tipología de Max-Neef, este tipo de satisfactores se denomina sinérgico; no solo atiende una necesidad aislada, sino que contribuye a otras a diferencia de los satisfactores singulares.

Condiciones y tensiones en América Latina

Las familias de la región enfrentan realidades muy distintas según el país, el territorio, los ingresos, el género, la edad, la pertenencia étnica y la situación migratoria. Por eso no existe un único modelo de familia latinoamericana. Sin embargo, la pobreza, la desigualdad y la precariedad laboral pueden reducir simultáneamente las posibilidades de satisfacer varias necesidades. La falta de ingresos, por ejemplo, puede afectar la alimentación y la vivienda, pero también obligar a aceptar jornadas extensas que dejan menos tiempo para el descanso, la vida afectiva y la participación (CEPAL, 2023).

Esto puede convertirse en una limitación estructural, no solo en una dificultad pasajera: cuando las personas tienen poco control sobre su tiempo y sus condiciones laborales, necesidades como el ocio, la creación o la participación pueden quedar relegadas, aunque sigan siendo importantes. Las pobrezas, desde esta perspectiva, no se reduce a la falta de dinero; también puede implicar privaciones en la autonomía, la seguridad, el reconocimiento y las oportunidades de desarrollar capacidades.

La distribución del cuidado es otra dimensión clave. Cuando las tareas domésticas y de cuidado recaen principalmente sobre las mujeres, disminuye el tiempo que pueden dedicar al descanso, la educación, el empleo, la creación o la participación pública. La CEPAL propone abordar el cuidado como una responsabilidad compartida entre familias, Estado, comunidades y sector privado, en lugar de considerarlo exclusivamente una obligación privada de los hogares (CEPAL, 2022).

La migración también puede reorganizar la vida familiar. Las remesas pueden contribuir a la subsistencia y a la protección económica, mientras que la separación física puede hacer más difícil el cuidado cotidiano y la convivencia afectiva. En zonas rurales e indígenas, la pérdida o transformación del vínculo con el territorio puede afectar tanto los medios de vida como la identidad cultural. Estos son ejemplos posibles, no experiencias uniformes ni inevitables para todas las familias.

En suma, el enfoque de Max-Neef invita a evaluar tanto las carencias como las capacidades y potencialidades de las familias y sus comunidades. La pregunta no es únicamente si una necesidad está cubierta, sino qué tipo de satisfactor se utiliza, quién puede acceder a él y qué efectos tiene sobre las demás necesidades.

 

4.    La familia como Satisfactor Sinérgico de las Necesidades a Escala Humana

La familia puede ser un satisfactor sinérgico de las necesidades humanas cuando sus vínculos y prácticas de cuidado contribuyen a satisfacer varias necesidades a la vez. En el enfoque de Desarrollo a Escala Humana, de Max-Neef, las necesidades —subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad— son distintas de los satisfactores: las maneras, individuales o colectivas, de atenderlas. La familia es uno de los ámbitos donde pueden surgir esos satisfactores, pero no es el único: también pueden hacerlo (en teoría) las redes vecinales, comunitarias o institucionales (Max-Neef et al., 1986).

Un ejemplo conocido, atribuido anecdóticamente a la antropóloga Margaret Mead, cuenta que el primer signo de civilización sería un fémur fracturado que había sanado. La idea es que una persona con una lesión grave habría necesitado apoyo para sobrevivir y recuperarse. Ira Byock (2012) la reproduce en una narración sobre el cuidado. Un hueso curado puede sugerir que la persona sobrevivió a una lesión, muy seguramente gracias al cuidado continuado y prolongado (por mínimo tres meses) de su familia, lo cual da testimonio del nacimiento de le ética del cuidado del otro.

Tomado como ilustración del valor del cuidado, el relato puede leerse desde el enfoque de Max-Neef como una respuesta integral a diversas necesidades humanas fundamentales: subsistencia y protección, al ayudar a la persona a cubrir sus necesidades básicas y reducir su exposición al peligro; afecto, al ofrecerle compañía, atención y apoyo emocional; entendimiento y creación, al observar sus necesidades y buscar maneras prácticas de asistirla; participación y libertad, al incluirla en las decisiones relacionadas con su cuidado y apoyar la recuperación de su autonomía; identidad, al reconocerla como integrante valiosa del grupo; y ocio, al facilitar espacios de descanso y momentos de alivio durante su recuperación.

La sinergia en este caso consiste  en que una misma práctica —acompañar y apoyar a alguien durante su recuperación— puede contribuir a varias necesidades simultáneamente. No obstante, la familia no es automáticamente un satisfactor sinérgico: importa cómo se cuida y qué efectos tiene en cada integrante. Si el cuidado protege, pero excluye a la persona de las decisiones, puede limitar su participación y libertad (satisfactor inhibidor). Si además impone una carga desproporcionada a quien cuida, puede atender necesidades de una persona mientras perjudica las de otra ( satisfactor destructor).

Esta última cuestión tiene una dimensión de género. En América Latina, las mujeres realizan una parte desproporcionada del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, lo que puede restringir su tiempo de ocio, sus oportunidades de creación y participación, y su autonomía (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2022). Por eso, reconocer el valor del cuidado no debe implicar naturalizar que sea responsabilidad exclusiva de las familias o, dentro de ellas, de las mujeres.

En la clasificación de Max-Neef, un cuidado que contribuye a varias necesidades puede funcionar como satisfactor sinérgico; en cambio, según sus efectos y contexto, ciertas formas de cuidado pueden ser inhibidoras —atienden una necesidad mientras limitan otras— o incluso destructoras. No se clasifica a la familia entera de una vez: se analiza la práctica concreta, quién la realiza, quién recibe sus beneficios y qué necesidades favorece o restringe.

En suma, el fémur sanado funciona como una imagen del cuidado y la cooperación, y  como prueba histórica de que alguna familia cuidó a esa persona por sentido de solidaridad no remunerada. La reflexión de Max-Neef permite usar el ejemplo para destacar que el cuidado puede sostener varias necesidades a la vez, siempre que respete la dignidad y autonomía de quien lo recibe y que sus costos no recaigan injustamente sobre quien lo brinda.

 

5.    La Necesidad de Comunicación en las relaciones familiares.La Teoria del Analisis Transaccional

El Análisis Transaccional (AT), desarrollado por Eric Berne, es una teoría psicológica que permite comprender la personalidad, la comunicación y las relaciones interpersonales a partir de los intercambios que se producen entre las personas. Berne plantea que los individuos interactúan desde tres estados del yo: Padre, Adulto y Niño. El estado Padre comprende comportamientos, normas, valores y formas de relacionarse aprendidas de las figuras de autoridad; el Adulto se caracteriza por analizar la realidad y tomar decisiones de manera reflexiva; y el Niño comprende sentimientos, necesidades y formas de respuesta asociadas a experiencias de la infancia (Berne, 1961). En el contexto familiar, estos estados del yo permiten analizar cómo los patrones de comunicación aprendidos durante la infancia pueden mantenerse y reproducirse en las relaciones entre padres, hijos y otros miembros de la familia. Asimismo, Berne (1964) señala la existencia de “juegos psicológicos”, entendidos como secuencias repetitivas de interacción que pueden generar conflictos y resultados previsibles. Desde esta perspectiva, identificar los estados del yo y los patrones de comunicación presentes en la familia puede favorecer relaciones más conscientes, una comunicación más asertiva y una mayor autonomía de sus integrantes. Por tanto, el Análisis Transaccional constituye una herramienta útil para comprender las dinámicas familiares y promover formas de interacción basadas en el reconocimiento, el respeto y la comunicación efectiva.

Estudio de caso: “La familia Rodríguez y las formas de comunicación”

La familia Rodríguez es una familia colombiana de cuatro integrantes que reside en una zona urbana. Está conformada por Jorge, de 45 años, quien trabaja como empleado en una empresa y asume buena parte de los gastos del hogar; María, de 42 años, quien trabaja de manera independiente y, además, concentra gran parte de las responsabilidades domésticas y de cuidado; Daniela, de 19 años, estudiante universitaria; y Mateo, de 14 años, estudiante de secundaria. Aunque los integrantes mantienen vínculos afectivos importantes, en los últimos meses se han presentado dificultades relacionadas con la distribución de las responsabilidades domésticas, el desempeño académico de los hijos y las decisiones familiares.

Una situación frecuente ocurre cuando Jorge llega a casa después de su jornada laboral y encuentra que alguna tarea doméstica no se ha realizado. En estas circunstancias suele expresar su inconformidad mediante frases como: “En esta casa nadie se responsabiliza de nada” o “Mientras yo trabajo, ustedes deberían cumplir con sus obligaciones”. María generalmente responde justificando el comportamiento de los hijos y señalando que ella también se encuentra sobrecargada. Daniela, por su parte, manifiesta que es adulta y que debería tener mayor libertad para decidir sobre sus actividades, mientras que Mateo suele permanecer callado o retirarse de la conversación. Como consecuencia, una situación inicialmente relacionada con una tarea concreta termina convirtiéndose en una discusión sobre autoridad, responsabilidades, autonomía y reconocimiento.

Desde la perspectiva del Análisis Transaccional de Eric Berne, esta situación puede comprenderse mediante los tres estados del yo: Padre, Adulto y Niño. El estado Padre incorpora normas, valores, prohibiciones y formas de comportamiento aprendidas de las figuras de autoridad; el estado Adulto permite analizar la realidad y tomar decisiones de manera reflexiva; y el estado Niño comprende respuestas emocionales y formas de comportamiento relacionadas con experiencias de la infancia (Berne, 1961). En el caso de Jorge, algunas de sus intervenciones pueden interpretarse como una comunicación desde el estado Padre, especialmente cuando establece normas mediante la crítica o la exigencia. Daniela, al responder desde una posición defensiva y reclamar autonomía, puede manifestar aspectos del estado Niño, aunque también puede responder desde el Adulto cuando intenta argumentar racionalmente sus necesidades. María puede alternar entre una posición de Padre protector frente a sus hijos y una respuesta emocional asociada a su propia sensación de sobrecarga.

El problema central no radica necesariamente en que alguno de los estados del yo sea negativo, sino en que las interacciones familiares pueden volverse rígidas y repetitivas. Una comunicación Padre–Niño puede establecer una relación de autoridad y dependencia que dificulte el diálogo horizontal. Por el contrario, una interacción Adulto–Adulto permitiría que los integrantes describieran la situación, expresaran sus necesidades, revisaran las responsabilidades y construyeran acuerdos sin recurrir exclusivamente a la crítica o a la defensa. De esta manera, el Análisis Transaccional permite identificar que detrás de una discusión aparentemente cotidiana pueden existir patrones de comunicación aprendidos y repetidos dentro de la familia.

Otro elemento relevante de la teoría de Berne son los denominados “juegos psicológicos”, entendidos como secuencias repetitivas de interacción que tienden a producir resultados previsibles (Berne, 1964). En la familia Rodríguez puede observarse un posible patrón repetitivo: Jorge formula una crítica, María interviene para defender a los hijos, Daniela responde reclamando autonomía, Mateo se retira y finalmente Jorge reafirma su autoridad. La situación concluye sin resolver el problema inicial y el mismo patrón reaparece posteriormente ante una nueva dificultad. El análisis no pretende diagnosticar a los integrantes de la familia, sino identificar una forma recurrente de interacción que puede ser modificada mediante una comunicación más consciente.

Desde esta perspectiva, una alternativa sería favorecer transacciones Adulto–Adulto. Por ejemplo, en lugar de afirmar “en esta casa nadie se responsabiliza de nada”, Jorge podría expresar concretamente qué situación le preocupa y solicitar que la familia revise la distribución de las tareas. María podría explicar las responsabilidades que actualmente asume y señalar cuáles puede compartir con los demás integrantes. Daniela y Mateo podrían participar en la construcción de acuerdos relacionados con sus responsabilidades y tiempos personales. De esta manera, la autoridad familiar no desaparecería, pero podría ejercerse mediante el diálogo, la negociación y el reconocimiento de las necesidades de cada integrante.

Este caso también puede relacionarse con el enfoque de Desarrollo a Escala Humana de Max-Neef, presente en el documento, particularmente con las necesidades de afecto, participación, entendimiento, identidad y libertad. La familia puede constituirse en un espacio que satisfaga simultáneamente varias necesidades cuando sus prácticas de cuidado, comunicación y cooperación favorecen a sus integrantes. Sin embargo, una práctica familiar también puede tener efectos inhibidores cuando, por ejemplo, la protección se convierte en sobreprotección y termina limitando la participación o la libertad de alguno de sus miembros.

En consecuencia, el caso de la familia Rodríguez permite comprender que el Análisis Transaccional puede utilizarse como una herramienta para observar cómo se comunican los integrantes de una familia, desde qué estado del yo responden y qué patrones de interacción se repiten. La transformación de las relaciones no implica eliminar las diferencias generacionales ni las responsabilidades familiares, sino favorecer formas de comunicación en las que los integrantes puedan expresar sus necesidades, participar en las decisiones y reconocer las necesidades de los demás. En este sentido, el paso de interacciones predominantemente Padre–Niño hacia intercambios más frecuentes desde el estado Adulto puede contribuir a una comunicación familiar más reflexiva, respetuosa y orientada a la resolución de problemas.

6.     Presencia ausente y ausencia presente en la relación padre-hijo

“En la relación padre-hijo, la presencia física no garantiza necesariamente una presencia afectiva; por ello, es necesario diferenciar entre estar físicamente presente y estar emocionalmente disponible.”

 

En las relaciones entre padres e hijos es posible distinguir entre presencia ausente y ausencia presente, conceptos que permiten analizar la calidad afectiva del vínculo más allá de la presencia física. La presencia ausente ocurre cuando el padre se encuentra físicamente en el hogar, pero existe poca disponibilidad emocional, comunicación o participación significativa en la vida del hijo. En este caso, el progenitor puede cumplir funciones materiales o estar físicamente cerca, pero permanece distante frente a las necesidades afectivas, educativas y relacionales del niño o adolescente. Por el contrario, la ausencia presente se refiere a situaciones en las que el padre no está físicamente con el hijo, pero mantiene una presencia afectiva mediante la comunicación, el interés, el acompañamiento y la expresión de cariño. La distancia física, por tanto, no necesariamente implica una ruptura del vínculo, siempre que existan formas de mantener la conexión emocional. La literatura sobre afectividad familiar señala que la presencia afectiva puede mantenerse mediante recursos como el diálogo, las llamadas, los mensajes, los recuerdos y otras formas de contacto, aunque estos recursos no sustituyen completamente la experiencia de compartir físicamente. (Universidad de Antioquia)

Desde esta perspectiva, la calidad de la relación padre-hijo no depende exclusivamente de cuánto tiempo permanecen juntos, sino de cómo se utiliza ese tiempo y qué significado tiene para el vínculo. Un padre puede compartir diariamente el mismo espacio con su hijo y, sin embargo, mantener una relación emocionalmente distante; de igual manera, un padre que se encuentra temporalmente lejos puede continuar participando afectivamente en la vida de su hijo. Investigaciones realizadas en Colombia sobre experiencias de ausencia parental muestran que los jóvenes pueden experimentar tanto ausencias físicas como psicológicas de sus padres, relacionadas, entre otros factores, con largas jornadas laborales, distanciamiento del proceso educativo, poco tiempo compartido y dificultades para establecer diálogo y cercanía afectiva. (AmeliCA)

En consecuencia, la presencia presente podría entenderse como la situación más favorable para el fortalecimiento cotidiano del vínculo: implica presencia física acompañada de atención, diálogo, afecto y participación. La ausencia presente, cuando es necesaria y se acompaña de vínculos afectivos consistentes, puede favorecer progresivamente la autonomía del hijo sin significar abandono. Por el contrario, una presencia ausente puede generar una experiencia de soledad emocional cuando el hijo percibe que el padre está físicamente disponible, pero emocionalmente distante. Por ello, en el análisis de las relaciones familiares resulta pertinente considerar no solamente si el padre está o no está, sino de qué manera está presente en la vida de su hijo.

7.Conclusiones

La reflexión desarrollada permite comprender que la familia constituye un escenario privilegiado para la satisfacción de diversas necesidades humanas fundamentales, pero que su capacidad para actuar como satisfactor sinérgico depende de la manera en que se configuran las relaciones, las prácticas de cuidado y las formas de comunicación entre sus integrantes. Desde el enfoque de Desarrollo a Escala Humana, no basta con establecer si una necesidad se encuentra satisfecha; es necesario analizar los satisfactores mediante los cuales se atiende, quiénes participan en ellos y cuáles son sus efectos sobre las demás necesidades. En este sentido, el cuidado familiar puede contribuir simultáneamente a la subsistencia, la protección, el afecto, el entendimiento, la participación, la identidad, la creación, el ocio y la libertad, siempre que se desarrolle respetando la dignidad y autonomía de las personas.

Asimismo, el análisis de las familias colombianas y latinoamericanas evidencia que no es posible hablar de un único modelo familiar. La diversidad de configuraciones familiares, la reducción del tamaño de los hogares, los cambios demográficos, la migración, las desigualdades socioeconómicas y territoriales y las transformaciones en las dinámicas de cuidado configuran experiencias familiares diferenciadas. Por ello, cualquier aproximación a la familia debe considerar las condiciones históricas, culturales, económicas y sociales en las que se desarrollan los vínculos. Esta perspectiva permite superar concepciones homogéneas de la familia y reconocer la diversidad de formas mediante las cuales las personas construyen redes de apoyo, cuidado y pertenencia.

Un aspecto central de la reflexión es que el cuidado no puede considerarse automáticamente como una práctica positiva o sinérgica. Una misma acción puede satisfacer una necesidad y, simultáneamente, restringir otra. La sobreprotección, por ejemplo, puede responder a la necesidad de protección, pero limitar la participación y la libertad de quien recibe el cuidado. Del mismo modo, cuando las responsabilidades domésticas y de cuidado se concentran de manera desproporcionada en una persona, especialmente en las mujeres, el bienestar de algunos integrantes puede producirse a costa de restricciones en el tiempo disponible para el descanso, la educación, el trabajo, la creación o la participación de quien cuida. En consecuencia, el carácter sinérgico del cuidado debe analizarse considerando sus efectos sobre todos los integrantes de la familia.

Por otra parte, el Análisis Transaccional aporta una perspectiva pertinente para comprender las dinámicas comunicativas que se producen en las relaciones familiares. La identificación de los estados del yo Padre, Adulto y Niño permite reconocer que determinadas interacciones pueden convertirse en patrones rígidos y repetitivos que dificultan la expresión de necesidades y la construcción de acuerdos. El tránsito hacia interacciones más frecuentes desde el estado Adulto no supone eliminar la autoridad, las diferencias generacionales ni las responsabilidades familiares, sino favorecer formas de comunicación basadas en el diálogo, la reflexión, la negociación y el reconocimiento de las necesidades de cada integrante.

En este marco, la distinción entre presencia ausente y ausencia presente permite ampliar la comprensión de la relación padre-hijo. La presencia física no constituye por sí misma garantía de disponibilidad afectiva, comunicación o acompañamiento significativo. De igual manera, la ausencia física no implica necesariamente la desaparición del vínculo cuando existen formas consistentes de comunicación, interés y expresión afectiva. Por tanto, la calidad de la relación parental debe valorarse atendiendo a la manera en que se construye y mantiene el vínculo, y no exclusivamente a la proximidad física entre padres e hijos.

Finalmente, se concluye que fortalecer a la familia como satisfactor sinérgico requiere promover relaciones de cuidado corresponsables, comunicación reflexiva y reconocimiento de la autonomía de sus integrantes. Esto implica comprender que el bienestar familiar no depende exclusivamente de los recursos materiales disponibles, sino también de las posibilidades reales de participación, afecto, protección, identidad, libertad y desarrollo de capacidades. En consecuencia, la familia debe ser comprendida como parte de una red más amplia de corresponsabilidad en la que participan las comunidades, las instituciones, el Estado y otros actores sociales. Desde esta perspectiva, el desafío no consiste únicamente en preservar los vínculos familiares, sino en favorecer formas de relación que permitan que dichos vínculos contribuyan al bienestar integral de sus integrantes sin reproducir desigualdades, dependencias o restricciones en sus posibilidades de desarrollo.

 

 

Contribución de Autores

  1. Conceptualización: Ideas y formulación de objetivos de la investigación Carlos Borja, Amilkar Brunal y Sherly Osorio
  1. Metodología: Desarrollo o diseño de la metodología y creación de modelos

Carlos Borja, Amilkar Brunal y Sherly Osorio

  1. Investigación: Carlos Borja, Amilkar Brunal y Sherly Osorio
  1. Revisión crítica y edición del manuscrito : Amilkar A.Brunal
  1. Supervisión: Carlos Borja

 

DECLARACIÓN DE USO DE HERRAMIENTAS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Durante la preparación y elaboración del presente manuscrito, los autores utilizaron la herramienta de Inteligencia Artificial Generativa Gemini (Google) con el propósito exclusivo de apoyar las tareas de sistematización conceptual, estructuración del texto, redacción técnica, traducción (Abstract) y adaptación del manuscrito al formato académico y norma APA (7.ª ed.).

Tras el uso de esta herramienta, los autores revisaron, editó/editaron corrigieron el contenido de forma exhaustiva, asumiendo la plena responsabilidad sobre la precisión, integridad, rigor teórico y originalidad del manuscrito final presentado. La IA no desempeñó ningún rol en la formulación de las hipótesis, el análisis crítico original, las conclusiones ni la autoría intelectual del trabajo.

 

Referencias

Berne, E. (1961). Transactional analysis in psychotherapy: A systematic individual and social psychiatry. Grove Press.

Berne, E. (1964). Games people play: The psychology of human relationships. Grove Press.

Byock, I. (2012). The best care possible: A physician’s quest to transform care through the end of life. Avery.

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Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2023a). Observatorio Demográfico 2023: La dinámica demográfica de América Latina y su impacto en la fuerza de trabajo. Naciones Unidas.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2023b). Panorama Social de América Latina y el Caribe, 2023: La inclusión laboral como eje central para el desarrollo social inclusivo. Naciones Unidas.

Congreso de Colombia. (2023). Ley 2294 de 2023, por la cual se expide el Plan Nacional de Desarrollo 2022–2026. Gestor Normativo, Función Pública.

Corte Constitucional de Colombia. (2011). Sentencia C-577 de 2011.

Departamento Administrativo Nacional de Estadística. (2022). Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), 2020–2021.

Departamento Administrativo Nacional de Estadística. (2024a). Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV) 2023.

Departamento Administrativo Nacional de Estadística. (2024b). Estadísticas vitales: Nacimientos y defunciones.

Internal Displacement Monitoring Centre. (2024). Global report on internal displacement 2024.

Leal Quevedo, F. (1999). La generación de los padres sumisos: Hacia una relación más inteligente con sus hijos. Intermedio Editores.

Max-Neef, M. A., Elizalde, A., & Hopenhayn, M. (1986). Desarrollo a escala humana: Una opción para el futuro. CEPAUR/Fundación Dag Hammarskjöld.

Nota: En APA 7, cuando un mismo autor institucional tiene varias obras publicadas en el mismo año, se utilizan letras —2023a, 2023b, por ejemplo— para diferenciarlas, y esas mismas letras deben coincidir con las citas dentro del texto.

También conviene aplicar sangría francesa a todas las referencias en el documento final y mantenerlas con interlineado doble.

 



[i] Carlos Borja, Psicólogo, magister en salud mental escolar, doctorado en humanidades, investigador principal en MinCiencias, autor artículos científicos, capítulos, libros y productos de apropiación social del conocimiento, conferencista nacional e internacional. https://scholar.google.es/citations?hl=es&user=WgOfQb0AAAAJ / https://orcid.org/0000-0002-7271-3478 

[ii] Amilkar Brunal, Psicólogo, especialista en orientación educativa y desarrollo humano, magíster en investigación social interdisciplinaria. Orientador escolar desde 1994, investigador social en orientación socio-ocupacional y sexualidad de pareja. https://amilkarbrunal.blogspot.com/ / https://orcid.org/0000-0002-0328-7778 

[iii] Sherly Osorio León, psicóloga y pedagoga, magíster en neuropsicología y educación, doctora en ciencias de la educación. Orientadora escolar, investigadora y colíder de redes maestras que investigan, género y educación. https://sherlyosorioleon.blogspot.com 

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