La Ética del Cuidado como Principio Fundamental de la Convivencia en Sociedad

 

 

 

Amilkar A. Brunal[1]

Resumen

 

El presente estudio analiza las tensiones teóricas y pedagógicas en la gestión de la convivencia escolar en el contexto colombiano, examinando las articulaciones entre el marco normativo-institucional hegemónico y las dinámicas relacionales en la escuela. A partir de una revisión documental y crítica, se contrastan tres nodos teóricos fundamentales: el modelo de competencias ciudadanas (Chaux, 2012), base de la Ley 1620 de 2013 (Ministerio de Educación Nacional, 2013); la implementación de los Mecanismos Alternativos de Solución de Conflictos (MASC), representados en experiencias de mediación como el Programa Hermes (Cámara de Comercio de Bogotá, 2018); y la perspectiva antropológica de la ética del cuidado formulada por Margaret Mead (1935, 1975). El análisis revela que, si bien el enfoque socioemocional y los MASC aportan a la alfabetización emocional y a la democratización del aula, incurren con frecuencia en un sesgo cognitivo-conductual y procedimental. Estas limitaciones psicologizan el conflicto, descontextualizan las interacciones de las violencias estructurales e invisibilizan las asimetrías de poder. Frente a este panorama, la ética del cuidado de Mead resitúa la vulnerabilidad y el conflicto como catalizadores de la solidaridad comunitaria y la responsabilidad colectiva. Se concluye que una convivencia escolar transformadora exige trascender el simple entrenamiento conductual y la solución procedimental de disputas, consolidando a la escuela como un entorno ético-político de contención, protección y justicia restaurativa.

 

Palabras clave: convivencia escolar, competencias ciudadanas, mediación escolar, MASC, ética del cuidado, vulnerabilidad, educación restaurativa.

 

Abstract

This study analyzes the theoretical and pedagogical tensions in the management of school coexistence within the Colombian context, examining the intersections between the prevailing normative-institutional framework and relational dynamics in schools. Through a critical literature review, three fundamental theoretical nodes are contrasted: the citizenship competencies model (Chaux, 2012), which underpins Law 1620 of 2013 (Ministerio de Educación Nacional, 2013); the implementation of Alternative Dispute Resolution Mechanisms (ADR), exemplified by peer mediation initiatives such as the Hermes Program (Cámara de Comercio de Bogotá, 2018); and the anthropological perspective of the ethics of care articulated by Margaret Mead (1935, 1975). The analysis reveals that while the socio-emotional approach and ADR contribute to emotional literacy and classroom democratization, they frequently suffer from cognitive-behavioral and procedural biases. These limitations psychologize conflict, decontextualize interactions from structural violence, and obscure power asymmetries. In response, Mead's ethics of care recontextualizes vulnerability and conflict as catalysts for community solidarity and collective responsibility. The study concludes that transformative school coexistence requires transcending mere behavioral training and procedural dispute resolution, thereby establishing the school as an ethical-political environment grounded in containment, protection, and restorative justice.

 

Keywords: school coexistence, citizenship competencies, peer mediation, ADR, ethics of care, vulnerability, restorative education.

 

Introducción

 

El Surgimiento de la Civilización según Margaret Mead: La Ética del Cuidado y el Fémur Consolidado

 

Para la antropóloga estadounidense Margaret Mead (), el verdadero origen de la civilización no se encuentra en la invención de las herramientas de piedra, la agricultura, las construcciones monumentales o la escritura. Por el contrario, su perspectiva antropológica resitúa el nacimiento de lo humano en el desarrollo de la empatía, la solidaridad y el cuidado comunitario.

 

La Evidencia Antropológica: El Fémur Fracturado y Sanado

Según relata la médica y divulgadora Rachel Naomi Remen (1996), durante una conferencia académica un estudiante le preguntó a Margaret Mead cuál consideraba que era la primera señal de civilización hallada en el registro arqueológico de las culturas primitivas. La respuesta de Mead desestimó los artefactos materiales habituales (como anzuelos, hachas o vasijas de barro) y postuló que el primer rasgo de civilización fue la evidencia física de un fémur humano fracturado que había sanado completamente (Remen, 1996; Byock, 2012).Mead fundamentó su tesis en la biomecánica y la dinámica de supervivencia comunitaria a través de tres premisas clave:

 

La vulnerabilidad en el estado natural: En el reino animal y en las sociedades homínidas primigenias, sufrir la fractura de un fémur constituía una sentencia de muerte inmediata. La persona lesionada quedaba imposibilitada para cazar, recolectar alimentos, desplazarse con el grupo y huir de los depredadores (Mead, 1935; Byock, 2012).

El costo temporal de la recuperación: Para que un hueso largo como el fémur logre consolidarse óseamente, se requieren aproximadamente seis semanas de reposo absoluto. Durante este periodo, la persona convaleciente pasa a ser totalmente dependiente del grupo para satisfacer sus necesidades de subsistencia vital (Byock, 2012).

El acto consciente de cuidado colectivo: El hallazgo de un fémur sanado demuestra que otros miembros de la comunidad decidieron no abandonar al convaleciente. Supone que alguien inmovilizó la extremidad, le proveyó agua y alimento, y lo protegió activamente de los peligros del entorno hasta su completa recuperación (Mead, 1975; Remen, 1996).

La Civilización como Cooperación y Compasión.De acuerdo con la aproximación antropológica de Mead (1935, 1975), la civilización comienza formalmente en el momento exacto en que una comunidad decide proteger al individuo vulnerable y priorizar la solidaridad sobre la lógica de la selección natural o la supervivencia exclusiva del más apto.

 

«Ayudar a alguien a través de la dificultad es el punto exacto donde comienza la civilización. La civilización es, en su esencia, ayuda comunitaria» (Mead, citada en Remen, 1996, p. 108).

 

Esta visión reconfigura la definición tradicional del desarrollo humano. Al desplazar el foco desde el dominio tecnológico hacia la dimensión ética, Mead (1975) demuestra que el pilar fundamental del tejido social radica en la capacidad comunitaria de cuidar, acoger y preservar la vida del otro.



 

La lectura antropológica de Margaret Mead ofrece una redefinición trascendental del concepto de civilización, desplazando el eje analítico desde los logros materiales e instrumentales hacia la dimensión ética y relacional del ser humano. Frente a las narrativas historiográficas tradicionales que supeditan el progreso al dominio tecnológico, la evidencia arqueológica del fémur consolidado demuestra que el verdadero hito fundacional de la cultura humana radica en la emergencia de la sensibilidad humana y la ética del cuidado.

 

A partir de las implicaciones teóricas analizadas en este trabajo, se sintetizan las siguientes conclusiones:

 

La empatía como vector del desarrollo civilizatorio: La civilización no surge del perfeccionamiento de las herramientas ni del dominio del entorno, sino del reconocimiento del sufrimiento ajeno. La sensibilidad humana opera como el motor transformador que redefine el vínculo social, transformando la reactividad biológica en una respuesta ética orientada a la preservación de la vida del otro.

La trascendencia de la lógica adaptativa estricta: Al elegir la protección del individuo vulnerable por encima del descarte imperante en la dinámica de selección natural, las comunidades primigenias inauguraron una lógica estrictamente humana. La sensibilidad permite valorar al individuo por su condición ontológica y no únicamente por su capacidad de rendimiento, productividad o aporte inmediato a la subsistencia del grupo.

El cuidado como estructura ética institucionalizada: La consolidación de un hueso largo como el fémur evidencia que la compasión en las sociedades primigenias no constituyó un gesto aislado o episódico, sino una práctica comunitaria sostenida en el tiempo. La sensibilidad humana se traduce así en una ética del cuidado que exige responsabilidad, reparto de recursos y renuncia a la comodidad individual en favor de la cohesión del colectivo.

La vulnerabilidad como catalizador del tejido social: Lejos de representar una debilidad o un lastre biológico, la fragilidad del individuo funciona como el núcleo integrador de la comunidad. La respuesta compartida ante la dependencia física constituye la piedra angular de la solidaridad y la cooperación humana.

 

En última instancia, el legado de Margaret Mead invita a reconsiderar el criterio con el que evaluamos el desarrollo de las sociedades contemporáneas. Medir el grado de civilización de una comunidad no depende de su sofisticación técnica o económica, sino de la eficacia y empatía con la que articula sus redes de protección hacia los miembros más vulnerables.

 

1.    Conceptualizaciones contemporáneas de la convivencia escolar

 

En el panorama educativo actual, la convivencia escolar ha dejado de comprenderse como la simple ausencia de conflicto o el simple acatamiento de normas disciplinarias. Las aproximaciones contemporáneas la definen como un proceso dinámico, relacional y formativo, orientado al aprendizaje y ejercicio continuo de los derechos humanos, la gestión constructiva de los conflictos, la empatía y la participación ciudadana dentro de la comunidad educativa.

 

Desde esta perspectiva, la convivencia no es un estado estático ni un requisito administrativo para el desarrollo de las clases, sino una necesidad pedagógica y un entorno ético en el que se construyen y transforman las relaciones entre estudiantes, docentes, directivos y familias.

 

1.1 La aproximación de Enrique Chaux (2012) y las Competencias Ciudadanas

 

Una de las conceptualizaciones contemporáneas más influyentes en el contexto hispanoamericano —y pilar fundamental de las políticas públicas de convivencia en Colombia— es la desarrollada por Enrique Chaux (2012) y su equipo de investigación en la Universidad de los Andes.Chaux enmarca la convivencia escolar en el desarrollo integral de las Competencias Ciudadanas, entendidas como el conjunto de conocimientos, actitudes y habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas que articuladamente hacen posible que los ciudadanos actúen de manera constructiva en una sociedad democrática.

 

Ejes fundamentales del modelo de Chaux (2012)

1.     Superación del enfoque meramente punitivo:

Chaux argumenta que responder a los problemas de convivencia únicamente a través de sanciones o castigos resulta ineficaz para prevenir la reincidencia o transformar la cultura escolar. La convivencia se debe abordar desde un enfoque pedagógico y formativo, donde los conflictos se entienden como oportunidades de aprendizaje social y emocional.

2.     Tipología de competencias para la convivencia:

Para estructurar la convivencia pacífica, Chaux diferencia tres tipos principales de habilidades interconectadas:

o   Competencias emocionales: Capacidad para identificar, expresar y regular las propias emociones (como la ira o la frustración), así como desarrollar la empatía (la habilidad para sentir lo que otros sienten o comprender su perspectiva emocional).

o   Competencias cognitivas: Habilidades de pensamiento para tomar decisiones éticas, considerar diversas perspectivas antes de juzgar (toma de perspectiva), prever consecuencias a corto y largo plazo, y generar soluciones creativas ante un problema.

o   Competencias comunicativas: Habilidades para la escucha activa, la asertividad (expresar necesidades y desacuerdos con firmeza pero sin agresión) y el diálogo constructivo.

3.     Prevención e intervención de la intimidación (bullying):

En sus investigaciones en la Universidad de los Andes, Chaux enfatiza que la intimidación escolar es un fenómeno grupal sostenido por la dinámica social del aula. Por ello, las intervenciones no deben centrarse únicamente en la dupla "agresor-víctima", sino en los espectadores (bystanders), empoderándolos para que dejen de validar el maltrato y adopten roles activos de cuidado y defensa.

4.     Ambientes democráticos y participativos:

La convivencia escolar requiere la creación de climas de aula seguros e inclusivos, donde las normas sean comprendidas y construidas de manera participativa (no impuestas arbitrariamente) y existan espacios institucionalizados para la mediación de conflictos entre pares.

 

Criticas al modelo de Competencias Ciudadanas

 

A pesar de que el modelo de Competencias Ciudadanas y Convivencia Escolar desarrollado por Enrique Chaux (2012) y el equipo de la Universidad de los Andes es el referente hegemónico en las políticas educativas de Colombia (base de la Ley 1620 de 2013), ha recibido diversas críticas y cuestionamientos desde la sociología de la educación, la psicología crítica, la pedagogía sociocrítica y los estudios de implementación gubernamental.

 

1. Sesgo cognitivo-conductual y psicologización de los problemas sociales

Investigadores en ciencias sociales señalan que el modelo se centra excesivamente en la modificación del comportamiento individual a través de la gestión de destrezas psicológicas (regulación emocional, toma de perspectiva, asertividad).Al categorizar la violencia o la agresión escolar como un déficit o "falta de habilidades" individuales en el estudiante, se corren dos riesgos:Psicologizar la violencia: Interpretar dinámicas estructurales de agresividad como un problema de salud mental o de autorregulación personal.Invisibilizar causas sociopolíticas: Se ignora o subestima el impacto de la desigualdad económica, el racismo estructural, la violencia intrafamiliar y la violencia del conflicto armado urbano/rural que los estudiantes experimentan diariamente fuera del colegio.

2. Descontextualización e importación de modelos anglosajones

Gran parte del marco teórico sobre el bullying, las "habilidades socioemocionales" y los roles de espectadores (bystanders) proviene de programas desarrollados en Europa y Estados Unidos (como el modelo de Dan Olweus o Social-Emotional Learning - SEL).Se critica que el estudio de Chaux adapte constructos creados para realidades del Norte Global sin hacer una lectura suficientemente crítica de las particularidades culturales y territoriales del entorno latinoamericano. Las dinámicas de poder en una escuela pública con altos niveles de vulnerabilidad o presencia de pandillas no responden únicamente a la "presión de grupo entre pares", sino a lógicas de supervivencia territorial.

3. Presunción de la "neutralidad" y despolitización del conflicto

Desde la pedagogía crítica (en la línea de Paulo Freire), la educación para la convivencia democrática debe problematizar las injusticias y formar sujetos con conciencia crítica sobre el poder. El modelo de Chaux tiende a enfatizar el consenso, la mediación pacífica y la armonía relacional. Los críticos argumentan que esto puede llevar a una despolitización del conflicto, enseñando a los estudiantes a adaptarse al orden establecido, a controlar la "ira" o la "frustración" frente a situaciones abusivas, en lugar de encauzar el descontento hacia la indignación ética y la transformación social.

4. Dificultades de implementabilidad y pragmatismo pedagógico

Docentes y directivos docentes en el ejercicio cotidiano en colegios públicos suelen señalar una brecha entre la propuesta académica y la realidad operativa institucional.

      • Sobrecarga docente: El modelo exige que los profesores se conviertan en orientadores socioemocionales e integren transversalmente estas competencias sin contar con el tiempo, la formación continua o la reducción de la carga laboral necesaria.
      • Complejidad evaluativa: Evaluar "competencias ciudadanas" mediante pruebas estandarizadas (como en las pruebas Saber) resulta contradictorio o insuficiente para medir la complejidad ética y relacional de un ser humano en contexto.

5. Visión individual de la víctima y la agresión ("Invisibilización de la violencia institucional")

La tipología de agresión (física, verbal, relacional, cibernética) enfoca la mirada casi exclusivamente en las interacciones entre estudiantes. Se critica que el enfoque desatienda la violencia institucional y sistémica que la misma escuela puede ejercer sobre los estudiantes (autoritarismo, currículos excluyentes, segregación socioeconómica o discriminación por parte de adultos de la comunidad educativa).

 

Tabla 1Resumen de la tensión teórica

Dimensión

Modelo de Chaux (2012)

Perspectiva Crítica

Origen del problema

Déficit de habilidades socioemocionales y cognitivas.

Injusticias estructurales, violencia contextual y dinámicas de poder.

Objetivo de la convivencia

Armonía, resolución pacífica y erradicación de la agresión.

Emancipación, justicia social y gestión crítica de las tensiones.

Rol de la emoción

Control y autorregulación de la ira/frustración.

Indignación ética frente a la injusticia como motor de cambio.

Estrategia principal

Entrenar competencias ciudadanas en el aula.

Transformación de las estructuras institucionales y comunitarias.

 

1.2      El enfoque de Mecanismos Alternativos de Solución de Conflictos (MASC) en la convivencia escolar en Colombia

 

En Colombia, el abordaje de la convivencia escolar ha transitado progresivamente desde un paradigma normativo y punitivo hacia un modelo pedagógico, restaurativo y participativo. En este escenario, la integración de los Mecanismos Alternativos de Solución de Conflictos (MASC) —especialmente la mediación, la conciliación escolar y el diálogo de saberes— se ha consolidado como un pilar fundamental para la transformación de las relaciones en las comunidades educativas.

 

Los MASC en el ámbito escolar no buscan únicamente "resolver" un litigio entre estudiantes, sino utilizar el desacuerdo o la diferencia como una oportunidad pedagógica. Se fundamentan en el reconocimiento del otro, la escucha activa, la empatía y la capacidad de las partes implicadas para construir acuerdos mutuamente satisfactorios sin recurrir a la sanción disciplinaria ni a la violencia.Este enfoque se encuentra formalmente respaldado e integrado en la política pública nacional a través de la Ley 1620 de 2013 (Sistema Nacional de Convivencia Escolar), la cual promueve los procesos restaurativos y la mediación en los componentes de prevención y atención de la Ruta de Atención Integral.

 

El Programa Hermes: Experiencia emblemática de MASC en el contexto escolar

Uno de los referentes más destacados, sistemáticos y de mayor impacto en la implementación de los MASC en el sistema educativo colombiano es el Programa Hermes, liderado por la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB).

 

El Programa Hermes nace a finales de la década de 1990 como una estrategia sociojurídica y pedagógica orientada a descentralizar los mecanismos de resolución de conflictos y llevar la cultura de la paz y la mediación a las instituciones educativas (públicas y privadas).

 

Ejes y aportes del Programa Hermes a la convivencia escolar

1.     La Mediación Escolar entre Pares (Peer Mediation):

El corazón del Programa Hermes radica en la formación y empoderamiento de los propios estudiantes como mediadores escolares. Bajo este esquema, ante un conflicto cotidiano (chismes, malentendidos, intolerancia, agresiones verbales), los estudiantes acuden de manera voluntaria a un espacio neutro coordinado por un compañero formado en técnicas de comunicación asertiva, neutralidad y escucha, evitando la escalada hacia la violencia o la judicialización/sanción adulta.

2.     Apropiación comunitaria y rol de la comunidad educativa:Hermes no limita la formación a los estudiantes; vincula activamente a docentes tutores y padres de familia, construyendo redes de apoyo e instalando mesas o centros de mediación dentro de las escuelas.

3.     Restauración sobre sanción:En sintonía con la justicia restaurativa, el Programa Hermes prioriza la reparación del daño y la recomposición del vínculo relacional por encima del castigo punitivo. Los acuerdos alcanzados en mediación nacen de la autonomía y el compromiso explícito de las partes.

4.     Descongestionamiento del sistema disciplinario escolar:Al canalizar los conflictos cotidianos a través de las mesas de mediación, las instituciones reducen significativamente las suspensiones, anotaciones en observadores y la deserción escolar motivada por la convivencia.

 

Críticas a la Aplicación de los MASC  en la Convivencia Escolar

 

A pesar del amplio reconocimiento institucional y legislativo de los Mecanismos Alternativos de Solución de Conflictos (MASC) —y de experiencias emblemáticas como el Programa Hermes en Colombia—, su implementación en el entorno escolar ha sido objeto de diversos cuestionamientos teóricos, metodológicos y prácticos desde la sociología de la educación, el derecho procesal pedagógico y la psicología social.

 

1. Inaplicabilidad e ineficacia frente al Bullying y asimetrías de poder

Premisas fundamentales de los MASC (como la mediación) exigen que las partes actúen en igualdad de condiciones y de manera voluntaria.

En situaciones de acoso escolar (bullying), violencia sistemática o discriminación, existe un desequilibrio de poder manifiesto entre agresor y víctima. Pretender "mediar" o pactar un acuerdo entre un estudiante intimidado y su intimidador revictimiza a la víctima, forzándola a ceder o asumir cuotas de responsabilidad en una violencia que sufrió de manera asimétrica. De hecho, la normatividad colombiana (Ley 1620 de 2013) restringe la mediación únicamente a Situaciones Tipo I (conflictos esporádicos o mal manejados sin lesiones).

2. Privatización del conflicto y omisión del debido proceso escolar.La mediación prioriza el acuerdo de voluntades bajo el principio de confidencialidad y reserva entre las partes.

Al canalizar los desacuerdos hacia mesas de mediación a puerta cerrada, se corre el riesgo de invisibilizar problemáticas recurrentes ante la comunidad educativa. Además, en ocasiones se vulnera el debido proceso cuando los acuerdos mediados sustituyen arbitrariamente los Manuales de Convivencia o enmascaran faltas disciplinarias graves o delitos que requerían la activación de rutas de atención integral de protección a menores.

3. Instrumentalización y "saturación" de los estudiantes mediadores,Programas como Hermes forman a estudiantes de grados superiores para actuar como mediadores entre sus pares (peer mediation). Se critica una delegación o traspaso de responsabilidades adultas hacia los menores. Los estudiantes mediadores son expuestos a cargar con el peso emocional, la presión social de sus compañeros y posibles retaliaciones por los conflictos que abordan, sin contar aún con el desarrollo madurativo o el acompañamiento psicológico permanente para procesar la tensión institucional.

4. Descontextualización de entornos con violencia estructural o de pandillas. Los MASC presuponen que los conflictos surgen de "fallas en la comunicación", malentendidos o diferencias de percepción entre individuos racionales dispuestos a dialogar.  En instituciones educativas insertas en territorios de alta vulnerabilidad socioeconómica, microtráfico o fronteras invisibles impuestas por pandillas/grupos armados, el conflicto no responde a un mero "problema interindividual de comunicación". Pretender aplicar técnicas estandarizadas de mediación sin transformar las dinámicas del entorno territorial resulta insuficiente, inocuo o ingenuo.

5. Riesgo de "pacificación formal" y neutralización de la crítica.La meta operativa de los MASC suele centrarse en la firma de un "acta de compromiso" o la "erradicación del ruido/conflicto". Desde la pedagogía sociocrítica, se señala que esto puede derivar en una pacificación superficial. La prioridad por lograr la armonía inmediata puede acallar reclamos legítimos, protestas sobre injusticias institucionales o inconformismos democráticos de los estudiantes, enseñándoles a ceder para "evitar el conflicto" en lugar de formar una ciudadanía con capacidad de resistencia y reclamo ético.

6. Sostenibilidad e institucionalización condicionada.La operatividad de programas como Hermes a menudo depende del impulso externo (entidades como la Cámara de Comercio) o de unos pocos docentes entusiastas dentro de la escuela.Cuando la mediación no se traslada a la cultura organizacional del colegio, queda reducida a un trámite esporádico o a un "indicador de gestión", que desaparece tan pronto como los estudiantes o docentes líderes egresan o cambian de institución.

 

Tabla 2,Resumen de la limitación por tipología de conflicto (Ley 1620)

Mecanismo MASC

Ámbito de Aplicación Efectivo

Limitación / Contraindicación

Mediación entre pares

Situaciones Tipo I: Chismes, malentendidos, disputas puntuales de juego o trabajos grupales.

Inaplicable ante asimetrías de poder, violencia física recurrente o amenazas.

Conciliación escolar

Acuerdos de convivencia: Restablecimiento de compromisos relacionales y reparación simbólica.

Riesgo: Sustituir sanciones disciplinarias obligatorias ante faltas graves o delitos.

Diálogo restaurativo

Reparación del daño: Recomposición del vínculo comunitario con presencia de adultos/orientadores.

Riesgo: Revictimización si no existe una asunción real de responsabilidad previa por el agresor.

 

 

Conclusiones

Tensiones en la gestión de la convivencia escolar: Entre el déficit socioemocional, la ilimitación de los MASC y la ética del cuidado

 

El análisis contemporáneo de la convivencia escolar en Colombia exige examinar críticamente las articulaciones y desencuentros entre los marcos normativo-pedagógicos hegemónicos y la realidad relacional de los territorios educativos. En este horizonte, convergen tres nodos teóricos fundamentales: el modelo de competencias ciudadanas (Chaux, 2012), la implementación de los Mecanismos Alternativos de Solución de Conflictos (MASC) —emblemáticamente representados en programas de mediación escolar como el Programa Hermes de la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB, 2018)— y la reconfiguración ética de la sensibilidad humana propuesta por la perspectiva antropológica de Margaret Mead (1935, 1975).

 

En primer lugar, la propuesta de Chaux (2012) ha constituido el pilar conceptual de las políticas públicas nacionales articuladas en la Ley 1620 de 2013 (Ministerio de Educación Nacional [MEN], 2013). No obstante, como se ha problematizado desde la sociología de la educación y la pedagogía sociocrítica, este enfoque incurre con frecuencia en un sesgo cognitivo-conductual que psicologiza el conflicto escolar. Al situar el origen de la agresión en un déficit individual de competencias socioemocionales (como la autorregulación o la toma de perspectiva), el modelo corre el riesgo de descontextualizar las interacciones de las dinámicas de violencia estructural, desigualdad y exclusión territorial que atraviesan la vida cotidiana de los estudiantes. Se asume así una perspectiva preventiva centrada en la alfabetización emocional del sujeto, la cual puede llegar a invisibilizar la responsabilidad de la propia institución en la reproducción de violencias simbólicas e institucionales.

 

En este mismo marco de la gestión pacificadora del aula, la integración de los MASC y la mediación entre pares ha sido promovida como la vía idónea para la resolución pedagógica de las disputas (López & Silva, 2016). Si bien estos mecanismos buscan democratizar la convivencia al devolver la palabra a los estudiantes, su aplicación acrítica revela severas limitaciones teóricas y metodológicas. Presuponer que todo conflicto escolar es el resultado de un fallo en la comunicación o de un malentendido interindividual desconoce las marcadas asimetrías de poder inherentes a situaciones como el acoso escolar (bullying) o las disputas vinculadas al control territorial. Intentar mediar en escenarios de violencia asimétrica no solo contraviene la naturaleza misma de la equidad procesal, sino que conlleva un alto riesgo de revictimización y de pacificación formal, donde la urgencia por la firma de un acta de compromiso o la erradicación del ruido institucional neutraliza la indignación ética y obtura el reclamo de justicia. Asimismo, la sobredelegación de la mediación en los estudiantes mediadores (CCB, 2018) los expone a cargas emocionales adultas para las que la institución no siempre ofrece un soporte estructural sostenido.

 

Es precisamente frente a la insuficiencia de la pura técnica socioemocional y del formalismo procesal de los MASC donde la tesis antropológica de Margaret Mead (citada en Remen, 1996) sobre la ética del cuidado cobra un valor epistemológico y pedagógico renovado. Al situar el origen de la civilización no en la sofisticación de las herramientas o en la efectividad de las normas, sino en la evidencia física de la ética del cuidado del otro, Mead (1935, 1975) resitúa la esencia de lo humano en la capacidad comunitaria de acoger, proteger y preservar la vida del individuo vulnerable. Desde esta dimensión ética, el conflicto y la fragilidad física o relacional no son desvíos de la norma que deben ser corregidos mediante técnicas de autocontrol ni tramitados aceleradamente mediante acuerdos de mediación para restablecer la funcionalidad del sistema.

 

Por el contrario, la lectura de Mead , recuerda que el tejido social se funda cuando la comunidad decide priorizar la solidaridad y el cuidado del otro por encima de la lógica de la utilidad, el rendimiento o la sola supervivencia del más apto. Articular la ética del cuidado con la convivencia escolar implica trascender tanto la mera gestión individual de las emociones (Chaux, 2012) como la solución procedimental de las disputas. Supone construir un entorno ético-político donde la vulnerabilidad del estudiante no sea leída como un déficit personal o una molestia operativa, sino como el punto de encuentro pedagógico donde la escuela asume su responsabilidad comunitaria de contención, protección y justicia restaurativa sostenida en el tiempo.

 

Referencias

 

Cámara de Comercio de Bogotá. (2018). Programa Hermes: Una apuesta por la convivencia y la paz en las escuelas. Cámara de Comercio de Bogotá.

 

Chaux, E. (2012). Educación, convivencia y agresión escolar. Ediciones Uniandes - Editorial Taurus.

 

López, L. M., & Silva, C. A. (2016). La mediación escolar como mecanismo alternativo de resolución de conflictos: Caso Programa Hermes. Revista de Educación y Desarrollo Social, 10(2), 112-128.

 

Mead, M. (1935). Sex and temperament in three primitive societies. William Morrow & Company.

Mead, M. (1975). World enough: Rethinking the future. Little, Brown and Company.

 

Ministerio de Educación Nacional. (2013). Ley 1620 de 2013: Por la cual se crea el Sistema Nacional de Convivencia Escolar y Formación para el Ejercicio de los Derechos Humanos, la Educación para la Sexualidad y la Prevención y Mitigación de la Violencia Escolar. Imprenta Nacional.

Remen, R. N. (1996). Kitchen table wisdom: Stories that heal. Riverhead Books.



 



[1] Ps. Msc Amilkar A. Brunal.Psicólogo 1992.Especialista en orientación Educativa y desarrollo Humano (El bosque,2.001).Investigación social Interdisciplinaria (U Distrital ,2008).Investigador Social Interdisciplinario (Independiente)(057) 317 4382882 (057) 317 4382882. amilkarbrunal@gmail.com.En 1992 obtuvo título de pregrado en Psicología de la Fundación Universitaria "Konrad Lorenz" de Bogotá con énfasis en Psicología Organizacional y trabajo de grado en el área de Neuropsicología del lenguaje Oral y Escrito , obtuvo grado de "Especialista en Orientación Educativa y Desarrollo Humano" de la universidad "El Bosque" de Bogotá ,con la Investigación "La construcción de la Identidad Profesional de la Orientación Escolar ,en Bogotá D.C en la Segunda modernidad” obtuvo título de Maestría en Investigación Social Interdisciplinaria de la Universidad Distrital "Francisco José de Caldas" de Bogotá . Se desempeña como Orientador Escolar adscrito a la Secretaría de Educación de Bogotá desde 1994.Autor del libro Orientación Transicional 1.0 (2014) y “Cuando los Hombres hablan” ( E- Book  on line) y coautor de: “Rol y Sentido de la Orientación Educativa en Colombia”. Actualmente adelanta de manera independiente, investigaciones continuadas en  Sexualidad de la pareja Heterosexual y en Orientación Vocacional / Profesional y socio- Ocupacional. Maestro Invitado de CUT/ILADEC. amilkarbrunal@gmail.com . https://amilkarbrunal.blogspot.com/ ORCID https://orcid.org/0000-0002-0328-7778,CvLAC - RG (minciencias.gov.co)

 

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